Diosa del colectivo

Vasto cabello de obscuro castaño y belleza clara. Sincera carente de artificios ufanos, seriedad de grandes pies forrados con converse y madura personalidad de aguda nariz y que señala al cielo. Perversidad evidente en personalidad de doble vestimenta: pescadores raperos de irreverente informalidad, pero serio blazer azul y largos aretes que penden hasta el cuello con un toque de seriedad y clase. Boca pequeña, aguzada y recia enmarcada por piel tan luminosa como blanca y tersa. Es mi sueño si la pienso desnuda y dormida con caliente humedad de sudor y olor a saliva mía de mi amor por su sexo de escaso vello recortado con ternura por mi y para mi. Largas piernas frías que viajan por mis mejillas, mi nariz y mi lengua. Mis ojos solo ven un pálido blanco amarillento tocado por el café lechoso de la experiencia de la sombra. La imagino porque no la quiero mirar con mi daltonismo, la imagino como textura, como temperatura, como sabor a piel. Es amor toda ella porque ella es engaño, porque es silencio. Se acaba de bajar del colectivo y yo termino estas líneas, donde puedo volar pensando que no es bueno buscar la voz de las diosas, porque las diosas verdaderas no tienen voz porque suelen caer rompiéndose en pedazos inservibles, donde esa imagen fragmentada queda manchada de realidad.

1 comentario:

Atonita Tokz dijo...

Y saber que la maquinaria en tu cabeza, maquila una producción tremenda de pensares, de gritos callados ahogados en tu garganta, de saber que en la siguiente parada del transporte publico se termina el turno, y comenzara uno nuevo para maquilar los mas locos pensamientos cuando una diosa camine sobre el pasillo...

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